Los cartuchos de bola sirven para disparar de carabina y se producen en varias versiones, que varían sobre todo por la forma de la vaina. Antes de llegar al aspecto actual del cartucho de bola, hubo una época relativamente larga de búsqueda de soluciones correctas.
La idea básica que motivó el desarrollo fue la eliminación de la alargada carga de la baqueta a través de la boquilla del cañón y la composición de la bala, pólvora y la cápsula en un solo conjunto, creando así un cartucho unido. Primer cartucho unido fue patentado en Francia por el escopetero J. S. Pauli en 1812. Lo admirable en los primeros cartuchos de Pauli fue, que durante las presentaciones de tiro lograba en dos minutos disparar 22 tiros, lo que era casi un milagro comparando con la baqueta. El primer cartucho unido usado en gran escala fue el cartucho para el fusil de aguja del prusiano Dreyse del año 1841. Tenía todavía una forma relativamente primitiva de un rollo de papel que unía la bala con el relleno de pólvora. La cápsula estaba colocada en el fondo de la bala en el centro del cartucho. El percutor en forma de una aguja larga pasaba primero a través del envase del cartucho y el relleno de pólvora hasta la cápsula y con un golpe iniciaba la bala. El cartucho utilizaba el ejército prusiano para fusiles de aguja.
El siguiente desarrollo de la construcción de cartuchos de bala se dirigía hacia el desplazamiento de la cápsula al fondo de la vaina. El armero francés C. Lefaucheux obtuvo en 1835 un patente para el cartucho que tenía la cápsula en el fondo de la vaina con el pasador de ignición perpendicularmente al eje de la vaina. Los cartuchos del tipo Lefaucheux se producían en serie en forma perfeccionada en comparación con la construcción original desde el 1850 hasta la Primera Guerra Mundial y se utilizaban en forma regular sobre todo como munición para escopetas y revólveres. Como una curiosidad es posible encontrar estos cartuchos y armas nuevamente producidas en Francia incluso en la actualidad. Otros cartuchos tenían la cápsula situada en el centro del fondo de la vaina que se iniciaba mediante un golpe del percutor en sentido del eje longitudinal del cartucho antes del fondo de la vaina, en forma parecida como los cartuchos actuales. Sin embargo, las cápsulas seguían colocándose en el interior de la vaina y para la iniciación fue necesario deformar el fondo de la vaina con el percutor. Estos cartuchos con la llamada cápsula interior tenían que disponer de un fondo de la vaina más delgado, lo que producía efectos negativos en su firmeza, no fue posible volver a cargar la vaina y la instalación de la cápsula en el fondo de la vaina desde el interior fue muy complicada para la producción. Para una producción más fácil y también para otra recarga se buscaban caminos para trasladar la cápsula al lado exterior de la vaina. En 1864, en Inglaterra fue introducido el primer cartucho con una cápsula exterior de Schneider-Daw que pronto tenía otros sucesores.
La construcción relativamente perfecta del cartucho, de la cual salen también los cartuchos actuales, presentó el coronel inglés E. M. Boxer en 1865 y el oficial americano de servicios de armamento H. Berdan en 1868. Los principios de las cápsulas creadas por los inventores mencionados se utilizan hasta la actualidad e, incluso, sus nombres se utilizan para la denominación de la construcción de la cápsula.
LAS PARTES PRINCIPALES DE UN CARTUCHO DE BOLA SON:
- LA VAINA
- LA CÁPSULA
- CARGA INICIADORA (PÓLVORA)
- LA BALA
La vaina para armas largas posee generalmente la forma de botella. La forma de botella se desarrolló de la forma original cilíndrica o cónica a causa de la necesidad de crear un mayor espacio para el relleno de pólvora, disminuyendo, a su vez, el calibre. La parte cónica de la vaina es, a su vez, un elemento importante para el apoyo del cartucho en la cámara durante el cierre del cerrojo. Por razones de construcción para una extracción (expulsión) fácil, el fondo de las vainas se produce o con una ranura (para armas de repetición) o con un borde (para armas plegables). La vaina con la pestaña de asiento se produce para calibres muy fuertes, donde la pestaña sirve como el reforzamiento del fondo de la vaina para aumentar su resistencia.
El material para la producción de cartuchos de bola de caza es generalmente el latón o en casos excepcionales acero desplegado. En el fondo de la vaina del lado exterior está formado un lecho para introducir la cápsula. El lecho de la cápsula está unido con el espacio de la pólvora con ventosas, a través de las cuales pasa la llama durante la iniciación de la cápsula e ignición del relleno de pólvora. Las cápsulas se dividen fundamentalmente en dos grupos – con el yunque incorporado (Boxer) o con el yunque exterior (Berdan). En caso de usar una cápsula con el yunque exterior, en el centro del lecho de la cápsula en la vaina está formado el yunque y en el perímetro del lecho se encuentran generalmente dos agujeros de las ventosas. Las cápsulas con yunque interior forman un solo cuerpo, que se introduce en el lecho de la cápsula en la vaina donde se encuentra un agujero de la ventosa. Las cápsulas con yunque interior se usan sobre todo en la munición para pistolas y escopetas, pero empiezan a utilizarse también en la munición para carabinas. Las cápsulas con yunque interior (Boxer) facilitan un recambio fácil de la cápsula y una recarga más simple del cartucho.
La carga iniciadora de los cartuchos actuales es la pólvora sin humo. Durante casi 600 años, la única carga utilizada en las armas de fuego fue la pólvora negra. El incontenible desarrollo de la química en el transcurso el siglo XIX facilitó el invento de otro tipo de carga de mejor calidad que la pólvora negra, producida a partir de la mezcla de carbón de leña, salitre y sulfuro. A partir del 1864, cuando el comandante mayor prusiano E. Schulze ha desarrollado la primera pólvora de semihumo, se abrió el camino hacia las pólvoras sin humo cuyo desarrollo fue culminado con la dominación de la tecnología de proceso de nitrocelulosa durante los años 80 del siglo XIX. En el 1884, el francés Vielle presentó la pólvora gelatinosa de nitrocelulosa y en el 1889 se inicia la producción de la pólvora Balistit de Nobel y Kordit de Abel.
Con el uso de pólvoras sin humo que poseen el contenido energético significadamente más alto, subieron las velocidades de inicio y también la energía inicial y de impacto de la bala. De esta manera se hizo factible la reducción del diámetro de las balas y ánimas de las armas de fuego de 7 a 8 mm, manteniendo la energía de impacto intacta o, incluso, aumentándola.
La bala se coloca en la vaina con una solapa y se asegura mediante la llamada estrangulación para que no se salga o no gire. El ajuste de la estrangulación es muy importante y determina la fuerza de extracción necesaria para liberar la bala de la vaina. La fuerza de extracción influencia, entre otras cosas, la presión inicial durante el desarrollo del disparo y de esta manera la balística interior y, con frecuencia también la calidad final del disparo. La bala y la cápsula suelen embarnizarse para que el cartucho esté hermético al agua. Utilizando una laca especial flexible los cartuchos se vuelven resistentes al agua. Para los usuarios del cartucho de bola de caza, la parte más importante del cartucho es la bala, cuyas propiedades y construcción influencian de forma importante la calidad de caza de la bala y del cartucho entero. Por esta razón, antes de la selección, es absolutamente indispensable tener conocimiento del tipo de construcción de la bala y seleccionar una munición cuya bala se adapta mejor al tipo de animales cazados y a las condiciones de la caza para alcanzar los efectos letales garantizados.
Fuente: Dr. Ing. Jiří Hanák M. Sc.
